El Movimiento de los Girasoles

Durante mucho tiempo se ha observado que hay algunas plantas que giran sus flores durante el día siguiendo el movimiento del sol. Unas de estas plantas son los girasoles. Recientemente se ha conseguido describir el mecanismo que está detrás del movimiento y también las razones por las que esto ocurre.

El movimiento de los girasoles es marcado por el ciclo de día y noche. De esta forma las flores apuntan al este por las mañanas, siguen al sol en su camino hacia el oeste y, durante la noche deshacen el camino para encontrarse mirando al sol a la mañana siguiente.

Este movimiento es realizado por unas células motoras que se encuentran justo debajo de las flores, pulvinus, que se pueden expandir y contraer. El cambio de tamaño en las células es regulado por un sistema que varía la cantidad de agua que hay dentro de la célula.

Se realizaron diversos experimentos hasta conseguir las respuestas buscadas. Con uno de los primeros se descubrió que las flores no respondían a la luz en general, sino particularmente a la luz azul. Este conocimiento se adquirió cuando un grupo de girasoles fue tapado por una cubierta que era transparente al rojo y opaca al azul observándose de esta forma que el girasol no se movía con la salida del sol. En cambio, cuando la cubierta colocada encima de la flor era opaca al rojo y transparente al azul, se observó que la flor se movía de forma normal.

La siguiente pregunta a contestar era sobre por qué giraban. Durante la noche se observa que las flores giran en sentido contrario a como lo hacen durante el día. Además, este movimiento se va frenando con la maduración de la flor que, finalmente, se queda mirando hacia el este.

Estas observaciones parecían estar apuntando a algún tipo de reloj interno de la planta y, posiblemente, este podía estar combinado con factores ambientales. El seguimiento del sol por parte de las flores les proporciona a estas una mayor cantidad de luz para su desarrollo, pero no explica el camino contrario.

Para responder a las preguntas se hicieron varios experimentos. Uno de los grupos de girasoles tuvo sus flores entablilladas para conseguir que no se movieran. A otro grupo lo giraban al anochecer hacia el este, otro grupo tuvo que soportar una intensa luz azul durante las 24 horas del día que simulaba el sol y, finalmente, el último grupo estuvo sometido a unos ciclos diarios de 30 horas en vez de 24.

Lo que se observó fue que el grupo que había sido girado artificialmente, por las mañanas, se encontraba de espaldas al sol. Esto significa que durante la noche han girado. También se vio que los girasoles que seguían al sol presentaban un mayor crecimiento, hasta un 10% más de masa que los que estaban manipulados para no seguir el sol. También sus hojas tenían un tamaño mayor. Los girasoles expuestos a la luz azul se siguieron moviendo durante varios días de este a oeste. Sin embargo, los que estaban sometidos a un ciclo diario de 30 horas acabaron teniendo un giro errático.

Todas las observaciones apuntan a que el sol no es el único factor que hace que las plantas giren. El resultado, publicado en Science, apunta a un crecimiento diferente del tallo dependiendo de si es de día o de noche como el motivo clave para el movimiento. Los autores del estudio exponen que, durante el día, el lado del tallo que está a la sombra crece más que el que está al sol provocando así que la planta se incline hacia el sol.

Se estipula que estos procesos están controlados por una ruta de señalización hormonal, en la que también participa el reloj interno que marca el paso de los días y las noches sin necesidad de sentir el sol, llamado ritmo circadiano.

Aunque se ha planteado hacer estudios posteriores, de momento todo apunta a que el lado oeste de los tallos crece controlado por el reloj circadiano, mientras que el lado este crece controlado por los fotorreceptores. Entre los dos mecanismos provocan el movimiento de flexión atrás-adelante.

Esto también explicaría por qué las flores dejan de girar cuando han madurado. Si el tallo deja de crecer, también desaparece el mecanismo que hace que la flor se doble.

Finalmente quedaba por contestar la pregunta de por qué los girasoles maduros se quedaban mirando al este y no a alguna otra dirección.

Para obtener una respuesta, los investigadores giraron hacia el oeste un grupo de girasoles maduros. Estos fueron observados con una cámara de infrarrojos observándose que presentaban una temperatura menor que los girasoles que se paraban mirando al este. Este fenómeno los hacía menos atractivos para las abejas, que son los polinizadores de los girasoles. Cuando las flores frías fueron calentadas artificialmente, se observó que las abejas se empezaron a interesar por ellas.

Con estas observaciones se planteó una hipótesis sobre por qué los polinizadores prefieren flores más calentadas por el sol. Las abejas, una vez posadas sobre una flor, bajan su temperatura corporal al nivel del ambiente. Sin embargo, para echar a volar de nuevo, necesitan que los músculos de sus alas estén a una temperatura de más de 30º. Aunque podrían temblar para entrar en calor, eso exige más energía y, para ellas, sería mucho más fácil simplemente posarse en una flor más cálida.

 

Espero que os haya gustado este artículo y, si queréis saber más sobre el tema aquí están las fuentes:

 

http://science.sciencemag.org/content/353/6299/587

 

http://elpais.com/elpais/2016/08/05/ciencia/1470364186_925953.html?utm_source=Materia+%7C+Noticias&utm_campaign=901e44cccb-RSS_EMAIL_CAMPAIGN&utm_medium=email&utm_term=0_fa9f704361-901e44cccb-23579169#?ref=rss&format=simple&link=link

 

Un saludo,

 

Marina P.

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